
Señoras y señores. Todo el que ha sido estudiante de cualquier grado y/o institución ha tenido alguna vez la tarea de escribir al son del dictado del maestro.
Saben bien, entonces, que es una carrera al filo del peligro, de vida o muerte. Que el tiempo lo persigue a uno con la boca bien abierta. Y si escribís despacio caes dentro de ella. Y te mastica. Y te traga. Y te quedas atrasado. Y tenes que pedirle la hoja prestada a un compañero.
Quedarse atrasado era como perder el tren. Como quedarse desorientado en un lugar totalmente desconocido. Perdías la conectividad y las palabras que dictaba cada vez se tornaban mas incoherentes.
Ahora debías; por ser lento escritor o mal memorioso, mendigarle al maestro vergonzosamente y frente a todo el público que repita lo que había ya orado. Y así quedaba al descubierto ante cada uno de los circunstantes, que ésta vez, eras vos "El Atrasado".
En ese instante, la viveza de todo niño hacía eco, y un saber milenario te daba la posibilidad de salvarte de tal infortunio. En el instante de haberte retrasado y que debías preguntar, no lo hacías. Esperabas 2 o 3 segundos más porque inevitablemente iba a saltar otro atrasado con exactamente la misma pregunta.
¡Saludos!