
A continuación, una aberrante situación de enojo colérico. En solo un instante pasas de ser una tranquila oveja pastando en la mitad de su vida, a ser el demonio mismo. Y enojado.
Nos encontramos en grupo. Somos 4 personas charlando y esperando con mas ansias que cuando tenes hambre y ves a alguien comer; que nos avisen donde vamos.
Que yo, que vos, que el Paco se perdió, parloteaban los muchachos. Mientras el tiempo pisaba cada vez con mas fuerza nuestro tubo de oxígeno.
Cinco minutos antes de la hora límite suena el teléfono. Es la llamada. Ya sabemos donde ir. Nos avisaron que tenemos que ir ya, en menos de 5 minutos, a una fiesta genial. Si se nos acaba el tiempo, no podemos entrar.
¡Vamos! ¡Rápido! Gritaron los tipos. Limpiamos todo con una asombrosa velocidad y salimos disparados para el vehículo. Éramos 4, cabíamos de 10.
¡Vámos rápido! Decían desesperados.
Con un envión bastante importante llegamos al auto. Y cuando el conductor iba a destrabar las cuatro puertas juntas, no va que intento abrir en el mismo instante que lo hace él, y mi puerta no se abrió. Todos entraron menos yo. Me quedé afuera por apurado. ¡La puta madre! Tuc, tuc, tuc tuc, le toco el vidrio. Abrime que justo...
Saludos.